El galgo español

Todas las razas de perros que existen en la actualidad han sido modeladas por el hombre, usando criterios de utilidad. El galgo español, que pertenece al grupo de los lebreles, es una raza antiquísima que presenta ciertas peculiaridades morfológicas y de carácter, que le otorgan notorias diferencias con respecto a otros cánidos.

Si observamos la morfología de un galgo rápidamente nos daremos cuenta de sus similitudes con el guepardo, un felino africano que es el animal más rápido del Mundo. Ambos poseen un amplio pecho, una delgada cintura, patas traseras con inusitada fuerza y una cola larga. Todos estos caracteres citados, han sido fijados para obtener una raza veloz que sumado a su carácter amable, introvertido y leal, convierten a nuestro galgo en una joya de las razas caninas españolas.

Pero, ¿cuáles son los rasgos morfológicos diferenciales de los galgos y qué sentido utilitario tienen?

 Los galgos son aerodinámicos y muy ligeros, con unas largas y musculosas patas traseras que utilizan como palancas que impulsan su carrera.

Su poderoso pecho alberga un corazón de mayores proporciones que el humano. Ese corazón bombea mayor cantidad de sangre y oxígeno a sus músculos, por lo que puede mantener largas carreras con menor fatiga muscular y agotamiento.

Su flexible columna vertebral termina en una  larga cola que le sirve de timón en sus carreras, facilitando rápidos giros y otorgándole un mayor equilibrio. De igual forma su cabeza fina y estilizada, y su cuello largo y musculoso, contribuyen a su figura aerodinámica.

Los galgos son unos prodigio de adaptación a la carrera capaces de alcanzar velocidades entre 60 y 70 kilómetros hora.  Tan solo la liebre ibérica puede mantener un duelo de igual a igual con los galgos y eso ha generado una noble pasión en los aficionados a este deporte cinegético desde tiempos remotos.

 

La admiración y el respeto hacia los galgos han propiciado que estos animales también pasen a formar parte de la literatura y refranero popular en España e Iberoamérica, algo que también diferencia a estos animales del resto de razas caninas y se han transmitido durante siglos.

Aquí mostramos algunos ejemplos

En España es de uso común la expresión "de casta le viene al galgo (ser rabilargo)" para resaltar que determinadas personas, animales o cosas tienen una determinada característica muy acentuada, porque también la han tenido siempre sus predecesores. Ya Benito Pérez Galdós lo recogió en su novela “Amadeo I”. (1910).

Miguel de Cervantes Saavedra iniciaba su obra universal “El ingenioso Hidalgo Don Quijote de La Mancha”, con esta frase: En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor”

Citamos algunos de los refranes populares más conocidos, con el galgo como protagonista:

"Cuando menos se piensa salta la liebre"

“A galgo mojado liebre enjuta”

“A la corta o a la larga, el galgo a la liebre alcanza”

“Al hombre, la mujer y al galgo, a la vejez aguardo”

“Al galgo cadena, buena cama, pan duro y tierra llana”

“Al galgo más lebrero se le va la liebre en enero”

“Algo es algo, dijo al ver un hueso el galgo”

“En enero ni galgo lebrero, ni azor perdiguero”

“En febrero veinte pies salta la liebre en el sobrero, pero si al galgo le dan pan duro, salta veintiuno”

“Hidalgo que tiene un galgo ya tiene algo”

“Vale más el collar que el galgo”

Para terminar pondré como ejemplo el del Sancho Panza, compañero inseparable de Don Quijote que le dirá en uno de sus diálogos con él "Paréceme, Sancho, que no hay refrán que no sea verdadero, porque todas son sentencias sacadas de la mesma experiencia, madre de las ciencias todas”

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